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Case comment: Barcel Sociedad Anonima de Capital Variable v. Steve Kliff

La Sentencia Internacional que Vino de Lerma

Arnau Muriá Tunon
November 2006

Para facilitar el tráfico de mercancías en 1980, en el seno de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional se aprobó un tratado internacional que contiene una Ley uniforme sobre Compraventa Internacional de Mercaderías, así cuando un país adopta esa Convención esta pasa a sustituir a su legislación mercantil cuando la compraventa de mercaderías sea internacional.

Desde hace tiempo el suscrito ha asumido la política de hacer conocer a los lectores cuando se den sentencias nacionales que involucren a la Convención de Viena de Compraventa Internacional de Mercaderías. Lo anterior para cumplir con la propia solicitud de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional de difundir lo más posible las normas establecidas por la misma.

El lugar de México donde más se da la judicialización de las compraventas internacionales, y la subsecuente aplicación de la Convención de Viena por parte de los tribunales ha sido la ciudad de Tijuana, esto porque debido a la cercanía se dan muchas transacciones informales o de monto escaso como para utilizar arbitraje, ya que Tijuana y San Diego son en realidad una misma área metropolitana. También tiene que ver la intervención del destacado jurista bajacaliforniano Alejandro Osuna González, que ya ha capacitado a varias generaciones de abogados de ese Estado, en los arcanos de la Convención.

Sin embargo, ahora le tocó el turno al juzgado de primera instancia de Lerma de Villada, Estado de México. Después, alguien puso la sentencia en una botella en el Rio y tras muchos avatares tenemos aquí en Guadalajara la sentencia, para comentarla con ustedes los amables lectores.

El caso involucra una demanda de Barcel S.A. en contra de un distribuidor norteaméricano que les había vendido unas estampitas con la imagen de Britney Spears para colocar en las bolsas de papitas. Las estampitas, que por norma deben de ser inodoras y no tóxicas, resultaron tener un olor muy desagradables, como quien dice apestosas.

Sin embargo, resulta que esta empresa por un desconocimiento de la Convención de Viena protestó mucho más tarde de lo que debería. Ya que de conformidad con el Código de Comercio se tienen cinco días para protestar por escrito, pero que la Convención de Viena dice que sea en un plazo razonable, que para una falta de conformidad tan notoria podría ser incluso menos.

El hecho es que además, el Juez de la causa determinó que dicha protesta debía ser por escrito, según la Convención de Mercaderías, lo cual es un error. Lo triste es que Barcel, en ves de utilizar los argumentos que podría encontrar a su favor en la propia Convención se dedicó a clamar y patalear que dicha convención es inaplicable, lo cual no es cierto desde 1988.

El hecho es que la sentencia es bastante defectuosa porque solamente utiliza la Convención como refuerzo de la Legislación Mercantil, y no reconoce su prelación. En cambio procura hacer un análisis funcional y no deja de mencionar cada vez que las normas nacionales y las de la convención coinciden, para así fundamentar su decisión.

Sea como sea, la jurisprudencia mexicana ya tiene un precedente más sobre Compraventa Internacional de Mercaderías que probablemente servirá para concienciar a las empresas y a los abogados de su existencia y su necesidad de estudiarla.


Pace Law School Institute of International Commercial Law - Last updated November 10, 2006
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